Cuerpo • Mente • Espíritu
El duelo toca a toda la persona. Por eso, acompañar el duelo requiere mirar a toda la persona.

El Modelo CME comprende el duelo desde tres dimensiones que interactúan constantemente: Cuerpo, Mente y Espíritu. Una pérdida puede comenzar a sentirse en una de ellas, pero termina tocando a la persona entera.
El duelo también se siente físicamente.
Puede afectar el sueño, el apetito, la energía y producir cansancio, tensión o diferentes sensaciones corporales.
Escuchar al cuerpo también forma parte del proceso de duelo. .
La pérdida transforma nuestro mundo emocional y mental.
Tristeza, culpa, miedo, enojo, recuerdos y confusión pueden aparecer mientras intentamos comprender una nueva realidad.
Comprender lo que sentimos nos ayuda a comenzar a adaptarnos.
El duelo también toca aquello que da sentido a nuestra vida.
Puede despertar preguntas sobre propósito, esperanza, valores, relaciones, trascendencia y, para quien así lo vive, la fe.
Acompañar el espíritu es ayudar a reconstruir significado y esperanza.
El Modelo CME no busca dividir a la persona en partes, sino ayudarnos a comprender cómo una pérdida puede afectar simultáneamente diferentes dimensiones de nuestra vida.
Al acompañar el duelo desde Cuerpo, Mente y Espíritu, podemos identificar necesidades, reconocer recursos personales y encontrar caminos de adaptación más integrales.
El objetivo no es olvidar a quien perdimos. Es aprender a vivir con la pérdida, integrar lo vivido y reconstruir significado para continuar.
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